La mugre de Almagro contra Venezuela

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Almagro 2

Por:Lídice Valenzuela,Cubahora

El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, insiste en la aplicación de la llamada Carta Democrática de esa organización contra Venezuela, una nación respetada a nivel mundial por su proceso revolucionario y su gobierno legítimo, pero con diferencias ideológicas de principios con Estados Unidos, su peor enemigo.

Washington, que es miembro de la OEA y está habituado a decidir acciones negativas contra sus otros 33 miembros, está detrás de la nueva escaramuza de Almagro, a quien en Uruguay —luego de su traición a lo que parecían ser sus principios revolucionarios— llaman “Mugre” por la suciedad de su actual actitud hacia los sistemas progresistas de la región y su alianza al imperio norteño.

Este nuevo ataque ocurre en momentos en que el gobierno de Nicolás Maduro lucha por preservar el programa socialista, mientras sufre las constantes embistas de sus enemigos de derecha, dirigidos y financiados por Washington, y que cuentan con la OEA como punta de lanza para una eventual intervención militar contra Caracas.

En mayo del pasado año, este funcionario de la Casa Blanca, más que de la OEA, intentó desde su posición —según el expresidente José Pepe Mujica el error de su vida fue proponerlo para el cargo— que se aplicara la llamada Carta Democrática a Caracas para tratar de aislarla del resto de la región latinoamericana y caribeña, pero fracasó en sus empeños ante la firme postura de la mayoría de los miembros de la organización. Ahora revive lo que fue catalogado el pasado año como una infamia y amenaza a Venezuela con aplicarle dicha Carta si no celebra elecciones presidenciales en 30 días, aunque oficialmente están marcadas para fines del 2018. De lo contrario, intentará sacarla de la OEA, lo cual es inadmisible para el pueblo venezolano.

El articulo 19 de ese documento, aprobado en Lima, Perú, en 2001, refiere que “la ruptura del orden democrático o una alteración del orden constitucional que afecte gravemente el orden democrático en un Estado miembro constituye, mientras persista, un obstáculo insuperable para la participación de su gobierno en las sesiones de la Asamblea General, de la Reunión de Consulta, de los Consejos de la Organización y de las conferencias especializadas, de las comisiones, grupos de trabajo y demás órganos de la Organización”.

La Revolución Bolivariana vive desde hace años momentos delicados, al ser atacada de manera sistemática desde que el fallecido presidente Hugo Chávez ganó el Palacio de Miraflores en 1998, acciones recrudecidas cuando asumió Maduro, tras ganar la primera magistratura en las urnas. Una guerra sucia contra un país que desea vivir en paz y una oposición depauperada pero financiada por la oligarquía, que se vale de golpes bajos en la economía, el uso de los medios de comunicación, la violencia verbal y callejera, el ataque psicológico a las personas.

Es en ese contexto local y en el intento de reconversión política hacia una peligrosa oleada conservadora, léase Argentina y Brasil en el último año, que Almagro reaparece con su informe de 75 páginas en que ofende más de una vez al presidente Maduro, al que califica de dictador y otros improperios, y pone en duda la validez de su gobierno.

Analistas se preguntan cuánto habrá pagado Estados Unidos a este individuo, que se suponía poseía posiciones políticas cuando menos progresistas, para que ejerza el triste papel de gendarme de pacotilla contra el pueblo venezolano.

Miembro del izquierdista Frente Amplio, Mugre participó como Ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay en la consolidación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), fundados para la defensa de las nuevas políticas económicas y sociales de América Latina.

El ahora verdugo de la OEA fue miembro de la delegación especial de Unasur a Venezuela en 2014 como promotor de la mesa de diálogo entre el gobierno chavista y los derechistas que propugnaron la violencia callejera que en esa ocasión dejó 42 muertos en ataques opositores.

ESTIÉRCOL DE LA HISTORIA

Algunos, como el escritor y ensayista venezolano Luis Britto, se preguntan por qué Venezuela no abandonó el llamado Ministerio de Colonias cuando por primera vez el secretario general de la OEA presentó su enjundioso informe. Momentos en que además, los revolucionarios eran mayoría en la Asamblea Nacional, ahora en poder de los conservadores declarados en desacato.

Hace dos años, en una orden ejecutiva que algunos dirigentes latinoamericanos pensaron era una broma, Obama calificó a Venezuela de “enemigo inusual y extraordinario para la seguridad nacional” de la mayor potencia militar del planeta.

Una directiva que está vigente y que, si prosperara la moción de Almagro, sería suficiente para tratar de entrar por mandato de la OEA en territorio del país que posee las mayores reservas petroleras de la región latinoamericana, de las cuales intenta apoderarse el imperialismo.

No obstante, de acuerdo con el prestigio de la Revolución Bolivariana y su presidente —Venezuela acaba de ser electa presidenta pro tempore de la Asociación de Estados del Caribe— es muy difícil que Mugre se salga con la suya, pues para hacer efectiva la Carta Democrática precisa del apoyo de los dos tercios de los 34 miembros de la organización.

El complot de la derecha internacional, del cual el secretario de la OEA forma parte, también intentó sacar a Venezuela del Mercado Común del Sur (Mercosur), del cual es miembro pleno. Los gobiernos neoliberales de Argentina, Brasil y Paraguay fueron entonces los peones de turno de Washington.

Venezuela, sin embargo, está muy bien acompañada en su lucha por alcanzar mejores niveles de vida para su población más vulnerable, tal como proclamó Chávez, un defensor de los países del Sur, la igualdad social y una consciente distribución de la riqueza nacional.

Además de las declaraciones de protesta del presidente Maduro y de su canciller Delcy Rodríguez por los epítetos usados por Almagro y por su plan de aislamiento contra un Estado soberano, más de 200 organizaciones sociales de América Latina han condenado a la OEA y han planteado su solidaridad incondicional con la patria de Simón Bolívar.

 

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