#HugoChávez:“¡Aquí no vendrá #OEA ni nadie!

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Tomado de:Cubadebate

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Chávez decide dar un paso largo: resuelve denunciar al principal responsable de los males de Venezuela y del plan en curso. El 29 de febrero de 2004 –dos días después de iniciarse las guarimbas–, en la autopista Francisco de Fajardo frente al Jardín Botánico, a 2–3 kms de los desmanes en apogeo, cientos de miles de personas escuchan en su regio verbo la definición del signo antimperialista de la Revolución Bolivariana. ¿Por qué lo hace en tal coyuntura?

Durante los primeros cinco años de revolución, incluso luego de los sucesos del 11 de abril y del llamado golpe petrolero en 2002, casi siempre él aborda con cierto tacto los temas conflictivos asociados al gobierno yanqui. Evita en lo posible choques virulentos con este, aunque sin hacer concesiones. Sabe, porque conoce a fondo al imperio, que será inevitable la pugna frontal y por eso en el lapso aludido alecciona al pueblo con hechos concretos, que exhiben la entraña rapaz del antagonista foráneo y su intromisión en Venezuela. Esto tiende a agravarse cuando asume George W. Bush en enero de 2001.

Al comenzar 2004 Bush incrementa el apoyo financiero y conspirativo a sus aliados, y despliega una abierta injerencia con presiones de todo tipo, para sacar a Chávez del poder en el corto plazo a través del referendo revocatorio o de la vía violenta. Como es usual, Estados Unidos emplea “todas las formas de lucha” para desgastar al contrario.

El líder de la boina roja comprende que ha llegado la hora de encarar sin matices al rival del norte. Y decide hablarle claro al pueblo sobre el imperialismo y su papel en la historia de nuestra América, desde los tiempos de Bolívar.

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Comienza la prédica el 10 de enero de 2004, al inaugurar la misión Mercal. Prioriza su diatriba contra voceros del gobierno gringo: “Yo quiero una vez más responderle al gobierno de los Estados Unidos, que Venezuela es un país libre, soberano e independiente”. Y advierte: “Nosotros no nos quedaremos callados porque no somos cobardes, porque aquí hay coraje, porque aquí hay dignidad”. Y menciona las declaraciones hechas por la consejera de Seguridad Nacional Condolezza Rice, quien ha afirmado que Chávez no debe oponerse al referendo: “En primer lugar, ¿qué diablos tiene que ver usted con el referendo en Venezuela?”, espeta molesto, luego de pedirle a Fidel, en broma, que le envíe a la consejera el método Yo sí puedo para que aprenda a leer y respetar la dignidad de nuestros pueblos.

Agrega: “Ha dicho también (…) que ella está preocupada por nuestra amistad con Fidel Castro. Vaya usted a saber si es que a nosotros nos van a decir quiénes son o no son nuestros amigos”.

Y sobre la afirmación de que la conducta de Chávez ante el referendo permitirá calificarlo o no como demócrata, es tajante: “¿Y qué me importa a mí un pito la calificación que ellos me den allá? ¡Me importa un comino! ¡Absolutamente nada me importa! Luego, según el gobierno de los Estados Unidos Chávez será demócrata si aquí hay referendo revocatorio, eso es lo que quieren decir. Pues aquí habrá referendo revocatorio sólo sí el Consejo Nacional Electoral así lo indica”.

Con su recia garganta y los ánimos encabritados, concluye: “no les corresponde a los Estados Unidos meter su nariz aquí en Venezuela, que se ocupen de sus problemas que son bastantes: la discriminación racial, la pobreza, el hambre, la corrupción ¡Que se metan en sus problemas! Y nos dejen a nosotros reconstruir nuestra historia, reconstruir nuestro pueblo, reconstruir nuestra patria, con dignidad, con libertad, con soberanía, con independencia”.

Una y otra vez el público lo interrumpe, aplaude, grita consignas y demuestra con tal fervor que comparte el mensaje. Alborozado, él siente la soberbia energía patriótica de la multitud, y comenta a sus allegados que ha llegado el instante de mostrarle al pueblo las entrañas del imperio. En esos días suele dedicar tiempo en la lectura de algunos libros de historia, que subraya y anota.

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Ante el rápido ascenso de la escalada, introduce el tema en su discurso en el hipódromo de Caracas, el 17 de febrero, al clausurar la tercera rueda de negocios del Estado con pequeñas y medianas empresas. El día antes ha visitado Venezuela de modo inesperado el subsecretario de Estado estadounidense, formulando opiniones injerencistas acerca del referendo presidencial.

La respuesta del barinés es vertical y de una obvia intención estratégica. Primero reabre la herida del 11 de abril: “Yo vuelvo a decirlo ante mi país y ante el mundo, el gobierno de los Estados Unidos está una vez más de manera irrespetuosa agrediendo a los venezolanos. (…) El golpe de abril del 2002 fue apoyado por el gobierno de Washington, no hay ninguna duda sobre eso, se reunieron con militares golpistas, militares norteamericanos, (…) tenemos fotos, evidencias”. También rememora que el embajador de Estados Unidos visitó al dictador Carmona en Miraflores y el vocero de la Casa Blanca dijo que iban a apoyar al gobierno de transición. Y afirma en tono duro que al gobierno de Bush debe responderle al mundo y al pueblo venezolano “por la sangre que corrió en Venezuela los días 11, 12 y 13 de abril del año 2002”. Es esta la primera vez que Chávez emplaza de modo tan áspero a Estados Unidos.

Sus palabras definen sin evasivas la disyuntiva histórica. Además de petróleo y riqueza, dice, en Venezuela hay dignidad: “(…) óiganlo bien, venezolanas y venezolanos, nosotros estamos dispuestos aquí a defender nuestra independencia, de esta tierra, de este cielo, de esta agua y de este pueblo, a costa de lo que sea, aún de nuestra propia vida”.

Alude un hecho reciente, la agresión de Estados Unidos a Irak: “(…) todos los días hay niños y mujeres y hombres muertos en Irak”, dice. Y explica que engañaron al mundo y al propio pueblo estadounidense, al afirmar que había armas químicas de destrucción masiva y usar tal pretexto para la agresión. Y deduce: “Igual están tramando un engaño en torno a Venezuela, diciendo que en Venezuela hay guerrillas extranjeras y que nosotros apoyamos terrorismo”. Y pone un toque de humor: “lo que falta (…) es que digan en Washington que aquí está escondido Bin Laden, en el Hipódromo La Rinconada”.

Menciona después las declaraciones de Bush en la Cumbre de las Américas en Monterrey: “¿Qué tiene que ver el señor Bush con el referendo revocatorio en Venezuela? Absolutamente nada”. Y golpea fuerte: “Debería preocuparse por los pobres en los Estados Unidos, que son bastantes y están creciendo. Debería preocuparse por los que no tienen derecho a la seguridad social, por los negros que son excluidos y golpeados, por la discriminación racial, la cultura; que se preocupe por gobernar su país”.

Señala que tiene pruebas sobre el dinero que el gobierno de Estados Unidos le ha entregado a organizaciones civiles y partidos de la oposición y para actividades conspirativas. Ni el gobierno de Bush ni la OEA, han expresado siquiera inquietud sobre el fraude realizado en la obtención de las firmas para el revocatorio; ni respecto a que la oposición no haya manifestado que va a respetar la decisión del CNE y al contrario amenazan con quemar al país si esta no le complace: “¿No oye eso la OEA? ¿No oye eso la observación internacional? ¿No oyen eso en Washington? No hay peor ciego que el que no quiera ver, ni peor sordo que el que no quiera oír. Pero los venezolanos no somos ni ciegos ni sordos”.

Otra vez el público demuestra su identidad con las acerbas críticas de Chávez al gobierno de Bush, y el discurso acrecienta los ánimos antiyanquis de mucha gente. En este acto y en todas partes, él escucha una consigna que le insufla más brío y compromiso: ¡Uh! ¡Ah! Chávez no se va. ¡Uh! ¡Ah! Chávez no se va…

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La hoguera se extiende a toda la pradera el 27 de febrero, en el mitin frente al Jardín Botánico. Proclama: “El principal objetivo de esta monumental concentración, es decirle “no” al intervencionismo yanqui en Venezuela”. Y la gente lo secunda con ganas: “¡Noooo!”, gritan en coro, y así discurre su oratoria, en interacción continua con el público:

Señor Bush, usted y su camarilla, que han estado apoyando aquí a los golpistas, que han estado apoyando aquí la desestabilización política; que han estado apoyando aquí la desestabilización económica; que han estado violando nuestra soberanía, que han estado haciendo todos los esfuerzos para derrocar al Gobierno legítimo de Venezuela, ha tenido usted una respuesta en el pasado reciente, aquí la tiene hoy señor Bush. Y si quiere que le sigamos dando respuesta el pueblo de Simón Bolívar está listo para seguirle dando respuesta.

¡Es más, es más! Yo desde aquí le lanzo al señor Bush una apuesta, a ver quién dura más desde hoy en adelante, si él en la Casa Blanca o yo en Miraflores.
(Público: ¡Uh! ¡Ah! Chávez no se va. ¡Uh! ¡Ah! Chávez no se va…)
Le hago la apuesta pues. En bolívares o en dólares, como usted quiera, decida usted.

Su camisa y boina rojas exaltan aún más su rostro cobrizo y el cuello de toro. Está cargado de fuego: tiene ganas de decir verdades que hace años atesora. Trae consigo un libro, que lo ha acompañado en los cuarteles y en la cárcel y ahora guarda en su despacho, escrito por el cubano Francisco Pividal: Bolívar pensamiento precursor del antimperialismo.

Afirma Chávez: “Ciertamente, Simón Bolívar fue el primer hombre en todo este Continente que vislumbró y alertó acerca de la amenaza que el imperio norteamericano ya representaba para el futuro de nuestros pueblos”. Y enfatiza: “es impresionante cómo Bolívar vislumbró aquello a la altura de un profeta, (…) iluminado por la lucha revolucionaria que condujo durante casi veinte años, desde estas costas caribeñas, hasta allá, hasta la querida Bolivia, queriendo darle libertad y unión, igualdad y vida a los pueblos de este continente atropellado por el colonialismo durante siglos”.

Luego de recomendar el texto al pueblo venezolano y a todos los de nuestra América y también al de Estados Unidos, lee y comenta algunas de las frases del Libertador que revelan sus ideas respecto del imperio naciente.

Por ejemplo, dice, en 1820 le escribe a José Tomás Revenga, entonces su secretario general y más tarde ministro de relaciones exteriores de la Gran Colombia: “Jamás conducta ha sido más infame que la de los norteamericanos con nosotros, ya ven decidida la suerte de las cosas, y con protestas y ofertas, quién sabe si falsas, nos quieren lisonjear para intimar a los españoles y hacerles entrar en sus intereses”.

También alude a una carta que Bolívar le escribe a Francisco de Paula Santander desde Potosí, el 21 de octubre de 1825, cuando ya estaba enfrentado a quien después lo traiciona: “Nunca me he atrevido a decir a usted lo que pensaba de sus mensajes, que yo conozco muy bien que son perfectos, pero que no me gustan, porque se parecen a los del Presidente de los regatones americanos. Aborrezco a ese canalla, de tal modo, que no quisiera que se dijera que un colombiano hacía nada como ellos”.

Para finalizar con las citas, evoca el conocido fragmento de la carta a Patricio Cambell, desde Guayaquil, el 5 de agosto de 1829 –apenas un año y cuatro meses antes de morir–, y subraya que Bolívar “a lo largo de diez años lo que hace es ver más claro cada día, y muere con esa claridad, y con ese horror de ver el imperio que nos amenazaba”. Y lee despacio: “Los Estados Unidos de Norteamérica parecen destinados por la providencia, para plagar la América de miserias a nombre de la libertad”.

Como suele hacer, incorpora al hombre que más admira al combate del presente: “¡1820! Ya han pasado casi doscientos años de aquella alerta que hacía el gran líder, el gran visionario que fue Simón Bolívar. Doscientos años después aquí estamos nosotros, concentrados en esta Caracas bolivariana para seguirle diciendo: ¡No al intervencionismo norteamericano en nuestra tierra!”.

Dicho esto, expresa que la profecía de Bolívar se ha cumplido “y buena parte de las tragedias de la América Latina y del Caribe están allá, en los secretos y los misterios de la Casa Blanca”.

De inmediato extiende su análisis a toda la región y por vez primera emplea de manera pública el concepto de imperialismo. Y lo desnuda:
“(…) desde allá se han planificado asesinatos, genocidios, golpes de Estado, terrorismo, invasiones y muerte contra nuestros pueblos; desde allá se ha instaurado en América el imperio, y todos los gobiernos que de una u otra manera se oponen al imperialismo comienzan a ser atacados, comienzan a ser satanizados, comienzan a ser atropellados, utilizando para ello todos los medios con que cuentan, los medios económicos, los medios de comunicación de masas, los medios diplomáticos, las instituciones internacionales, que lamentablemente ceden al chantaje la mayor parte de las veces. Han llegado a utilizar incluso a algunos países hermanos contra otros, atizando el odio de unos contra otros.

Reitera que los grupúsculos que tratan de destruir a Venezuela están financiados por Washington y apoyados por la CIA. Y ante el pedido que han hecho dirigentes de la oposición para que la OEA intervenga, clama: “¡Aquí no vendrá OEA ni nadie! Aquí lo que hay es un pueblo libre y una patria soberana”.

El gobierno ha captado una comunicación radial, donde se dice que continuaría la violencia y que ya Venezuela es un país ingobernable, sugiriéndose que la OEA debe ir preparando una reunión para aplicarle la Carta Democrática y que los marines de Estados Unidos deben estar listos para intervenir. Al decir esto, su cuerpo íntegro vibra, y de su garganta brota un centelleo que enardece a la multitud:

Bueno, bastante montaña hay aquí. Yo les voy a decir algo, bastante sabana hay aquí, bastantes islas hay aquí, bastante selva hay aquí, bastante tierra hay aquí.
Y saben una cosa, bastante pueblo hay aquí. Y saben otra cosa, bastantes cojones hay aquí para defender esta tierra, para defender esta patria, de cualquier intruso que pretenda venir a humillar la dignidad de esta tierra sagrada, de la Venezuela de todos nosotros… ¡Carajo!

Luego califica a Bush de pendejo (tonto), por haber creído en 2002 que Chávez no tenía el apoyo de los militares ni del pueblo, y ahora los “intervencionistas e imperialistas” que lo rodean “vuelven a calentarle la oreja”. Adelanta que se ha reunido con dirigentes obreros del petróleo “y debe saber el Señor Bush, que si se le ocurre la locura de tratar de bloquear a Venezuela, o peor aún para ellos de invadir a Venezuela (…) pues algo que me decían los trabajadores petroleros, si eso llegará a ocurrir sepa el pueblo de los Estados Unidos que lamentablemente ni una gota de petróleo les llegará desde Venezuela”.

Y como el gobierno de Bush ha amenazado que si ello ocurriera embargarían la empresa venezolana Citgo –que posee 13 mil estaciones de gasolina y ocho refinerías en Estados Unidos–, él no se queda corto: “Lo que es igual no es trampa”, expresa en jerga popular. Y agrega: “Si es que se les ocurre, ellos aquí tienen bastantes instalaciones, (…)”.

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Estas reflexiones de Chávez sobre el imperialismo y sus denuncias a la intromisión de Estados Unidos en los asuntos internos de Venezuela, junto a las resueltas posturas que adopta frente al agresor foráneo, lo afianzan entre los dirigentes antimperialistas más corajudos y lúcidos del mundo, al despegar el siglo XXI.

Más aún, porque a doce años de desaparecer la Unión Soviética y campear sin contrapeso Estados Unidos, la palabra “imperialismo” casi ha desaparecido del léxico de la izquierda y también las posiciones firmes contra él. Los cañonazos que el irreverente líder lanza a la coraza imperial, provocarán reacciones más feroces de Estados Unidos y, en la otra orilla, servirán para ahondar la Revolución Bolivariana y avivar el antimperialismo en nuestra América. ¡Enhorabuena!

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