¿Por qué la administración Trump es más agresiva con Venezuela que la de Obama?

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El advenimiento de un duro ciclo injerencista en el frente externo de Venezuela concretamente desde la Organización de Estados Americanos (OEA), el rol activo de Rex Tillerson en crear concertación con países de la región contra Venezuela, el protagonismo de agentes del Senado norteamericano como Marco Rubio y su promoción de sanciones contra el chavismo y financiamiento directo a la oposición venezolana, son algunas de las derivaciones que develan el rol de Trump y su entramado en componenda contra Venezuela.

¿Qué razones hay en el énfasis de Trump contra Venezuela?

Donald Trump, quien llega a la Casa Blanca promoviendo un discurso no injerencista, en pocos meses de su mandato quedó sometido y domesticado al Estado Profundo dando así continuidad a buena parte de la agenda Obama, a cambio de algunas concesiones geopolíticas, como la salida de EEUU del Tratado TransPacífico (TPP).

No obstante, la política de la Casa Blanca se ha reperfilado a estilos notoriamente más rudimentarios, especialmente en el ámbito regional, tal como ha sucedido recientemente con la vuelta de hoja que Trump le dio a la política de Obama para Cuba y el énfasis de la Casa Blanca en provocar presiones contra el chavismo y en consecuencia promover un desplazamiento violento del poder político en Venezuela.

En ese sentido valdría la pena señalar varias consideraciones a saber:

1. EEUU fracasa en Siria. EEUU podría estar reperfilando su agenda intervencionista al verse fracasado frente a un duro actor regional en el Oriente Medio: Siria. La administración Trump asumió los restos de una estrategia que ya había sido señalada como fracasada por el propio Barack Obama. “Puedo afirmar que no hemos tenido éxito (en Siria) y tengo que irme a la cama con eso todas las noches”, dijo Obama a finales de 2016.

La guerra mercenarizada y la amplificación del conflicto en todos sus frentes comenzó a convertirse en un talón de Aquiles para la Casa Blanca cuando los actores del terrorismo patrocinado por Occidente sencillamente no pudieron cumplir sus objetivos, especialmente los más sobresalientes, como el desplazamiento de Bashar Al-Assad y el control prolongado del territorio sirio.

La administración Trump asumió de manera errática una guerra que Siria, Rusia e Irán tenían ganada en todos los frentes. Cuando Trump decide lanzar misiles a una base aérea de las fuerzas regulares sirias (única fuerza con dominio táctico en el terreno frente a los grupos terroristas), vino el ocaso para la política estadounidense en ese país. El ataque químico a la localidad Jan Sheijun fue un clásico atentado con bandera falsa de EEUU para culpar al gobierno sirio y así crear el ambiente mediático condenatorio que sirva de base, mediante una invasión militar directa, al ulterior derrocamiento del gobierno de Assad, viejo anhelo de Washington. No obstante, la reacción belicistamente espasmódica de EEUU no tuvo prolongación.

A la fecha, Al-Assad sigue más sólido que en tiempos de mayor auge del conflicto, siendo aún un factor clave en el Oriente Medio y con una consistente alianza con Rusia, quienes han hecho respetar su área de influencia geoestratégica. En consecuencia, EEUU asume otros derroteros, asumiendo y declarando “nuevas tiranías” dando continuidad de esa manera a su vorágine injerencista, apuntando ahora a otro factor de influencia regional, del otro lado del Atlántico: Venezuela.

2. Los intereses energéticos. La ruta del golpe contra Venezuela comienza en ExxonMobil. El actual Secretario de Estado de EEUU -rostro principal de la política exterior- es Rex Tillerson, ex gerente general de ExxonMobil. Tillerson ocupó el máximo puesto directivo de la empresa cuando el presidente Hugo Chávez tomó la decisión de nacionalizar la Faja Petrolífera del Orinoco donde la corporación estadounidense tenía importantes proyectos.

Bajo el mando de Tillerson dicha empresa decidió no renegociar sus proyectos petroleros como el de Cerro Negro en Monagas con la estatal Pdvsa, a partir de las nuevas directrices de la nacionalización. ExxonMobil demandó a Pdvsa ante el Ciadi -tribunal del Banco Mundial encargado de resolver diferencias relativas a inversiones-, buscando obtener una indemnización de 20 mil millones de dólares inicialmente en el año 2007.

Luego de casi una década de choques legales, revisiones y apelaciones a distintos fallos, el 10 de marzo de 2017 el Ciadi decidió que la demanda de ExxonMobil contenía visos de irregularidad y liberó a Pdvsa de pagar las indemnizaciones solicitadas. La petrolera del norte sufrió quizás la mayor derrota legal de su historia con este fallo a favor de la estatal venezolana.

Otro de los costos con los que Exxon ha tenido que lidiar a causa de las políticas chavistas de nacionalizaciones, es el llamado “costo de oportunidad” que han lidiado por el cese de sus operaciones en Venezuela. Con operaciones que tenían en Venezuela (con aspiraciones de expandirse y sólo en Cerro Negro) de extracción en suelo venezolano de casi 200 mil barriles al día, a un precio promedio de 100 dólares por barril, Exxon dejó de percibir, en unos diez años, la suma de más de 73 mil millones de dólares de ingresos netos.

Venezuela es además el país con las reservas petrolíferas más grandes del planeta, posee unos 300 mil millones de barriles, superando diez veces las reservas de EEUU. Siendo además un país situado a sólo cuatro días de navegación de la costa sur norteamericana de cara al Golfo de México.

ExxonMobil ha empleado mecanismos paralegales para hacerse de reservas venezolanas en disputa, concretamente aupando al gobierno de Guyana para iniciar explotaciones de la mano de Exxon en la zona marítima en reclamación por Venezuela y que, a consecuencia de la disputa territorial, está legalmente vetada para ser intervenida y explotada.

Donald Trump parece bastante comprometido a corresponderse a los intereses de los lobbys petroleros y energéticos. En efecto, las transnacionales estadounidenses han sido sistemática y parcialmente desplazadas de operaciones en Venezuela, una vez que la Faja Petrolífera del Orinoco bajo la gestión de Chávez, inicia nuevos procesos de inversión, privilegiando otras alianzas y otros actores como Rusia, China, India, entre otros.

3. La cuestión regional. Venezuela es un actor de alcance regional, especialmente en el eje ALBA-Petrocaribe, donde se han construido sólidas alianzas que le han permitido a Venezuela hacerse de apoyos claves en instancias en pulseo, como es el caso de la OEA.

En esencia, Venezuela también ha sido un actor clave en la inserción de otros actores en la región, como es el caso de China, Rusia e Irán, actores declarados “enemigos” desde los enunciados de la política exterior estadounidense. Dicho de otra manera, Venezuela ha contrariado sistemáticamente el mapa regional que había sido dibujado en el planteamiento estratégico estadounidense.

La penetración en la región de capitales rusos y chinos, la disputa de los recursos y los territorios, es una afrenta para su hegemonía. China diseña su TPP con el pulso de 40 años de desarrollo planificado y pensado para su expansión en la llamada Nueva Ruta de la Seda, que no es otra cosa que el relanzamiento de China en los mercados mediante inversión directa de capitales, infraestructura, tecnología y comercio. En esa estela, la región latinoamericana y caribeña es un componente clave, especialmente países con capacidad de proveer materias primas y posicionamiento geoestratégico, como es el caso de Venezuela. Rusia por su parte ha fijado posiciones consistentes de apoyo a Venezuela a través de la vía diplomática, pero sin descartar ningún otro tipo de apoyo que pueda ser solicitado por Venezuela de cara a escenarios y embestidas que pretenden socavar la estabilidad venezolana.

La disputa por Venezuela, es la disputa por el Alba y la subregión caribeña, un entramado de actores que no dejan de ser claves en la estructuración de nuevas relaciones, con nuevos agentes que claramente perturban al país hegemón. Eso lo tiene claro Trump. Tiene clara la pérdida de influencia de EEUU en la región y ha señalado a la burocracia en el Departamento de Estado como responsable, supone al estilo de la política de Obama como causa del auge venezolano y lo que ello implica. De ahí que, para esta región, comenzó a emplear a nuevos agentes, más viscerales y en consecuencia más peligrosos. 

Según el Miami Herald esto es así, al punto de que el “vacío” en el Departamento de Estado ha sido llenado por el liderazgo de un senador, lobbysta de los intereses de la diáspora cubana en EEUU, Marco Rubio, quien también es el principal promotor de la injerencia contra Venezuela en el Senado de EEUU. ElHerald coloca textualmente a Marco Rubio como principal articulador de la política exterior estadounidense hacia América Latina, concretamente hacia países claves, como los que integran el eje de ALBA-Petrocaribe con especial énfasis en Cuba y Venezuela. Marco Rubio declaró recientemente solicitar más recursos para financiar la escalada violenta en Venezuela.

Derribar a Venezuela es en esencia propiciar un reacomodo y reposicionamiento total de EEUU en la esfera subregional y continental, lo que implica también contravenir intereses de los actores emergentes en esta región del mundo.

(Misión Verdad)

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